Aug 4 2009

Rhythmic Love: Prefacio

Davicito

Me sujeto la mano con fuerza como pretendiendo no dejarme ir, vi en sus ojos un par de lagrimas y entonces lo inevitable sucedió, sus dulces labios tocaron los mios, estaban húmedos y tibios, mi estomago contuvo una sensación de mariposas y un chorro de adrenalina comenzó a bombear mi corazón, lo tome por el cuello con mis brazos debiles y lo bese con fuerza, mis lagrimas ahora se fundían con las suyas.

Nos quedamos en silencio por un largo rato, el me veia tiernamente con esos ojos perlados, tenia una sonrisa incredula en sus labios mientras sostenía mi pecho con sus manos, yo deseaba que fuera para siempre, tenia miedo de despertar, jamas había sentido algo parecido, el era todo lo que yo necesitaba, se convertido en mi aliento, mi fuerza, mi pasion, se convirtió en lo imposible y en lo mas dulce que me pudo pasar jamas.

Pero mi momento mágico se interrumpió por tres cosas que pasaron al mismo tiempo, la primera fue cuando se rompió el cristal de mi ventana causado por una barra de metal que venia del exterior, esta entró violentamente por la habitación haciendo añicos mi lampara de lava y quedando incrustada en la puerta del closet, las luces de la habitación se apagaron y un fuerte estruendo me hizo temblar mientras Shon me arrojaba contra su pecho, la puerta de la habitación se abrió haciendo un fuerte ruido contra la pared desgajando pedazos de yeso que se hicieron polvo en el piso de madera, la poca luz que entraba por la ventana rota dejó ver un pequeño objeto de metal que parecia estar flotando en el marco de la puerta hasta que pude ver una figura humana que caminó hacia nosotros, su cabello rubio y la cicatriz en su mejilla eran inconfundibles, era mi padre y el pequeño objeto de metal que tenia en la mano era un cuchillo.


Jul 24 2009

Your stupid games

Davicito

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Llegué a sentir un poco de tristeza esa tarde, no era por mi, no era por ti, era por el tiempo que hemos perdido ambos en este juego estúpido y que carece ya de sentido y emoción. No podemos seguir ya con esta farsa.

Lo que sentia por ti no es más que un recuerdo en mi mente, mi corazón ya no siente nada más, y yo se que a ti te pasa lo mismo. Recuerdo el otoño pasado mientras recorríamos la bahía tomados de la mano, los castillos de arena y las carreras hacia los acantilados peligrosos, fueron días dulces, como cada vez que mis labios tocaban los tuyos. Pero es así como termina, cada uno encontrará algo especial al que aferrarse y encontraremos la forma de ser feliz, si las cosas hubieran sido diferentes, si tan solo esa tarde no me hubiera marchado, si hubiera regresado para abrazarte y decirte que todo estaría bien, quizás hoy no estaríamos en esta situación, pero nuestra historia se separa y seguiremos caminos distintos.

¿Olvidarte? Creo que eso no podrá pasar, siempre formarás parte de mi historia, siempre serás aquello que me hizo feliz cuando el mundo me daba la espalda, siempre serás la magia que necesité para seguir adelante… ¿Tú me olvidarás?


Jul 15 2009

Taireyan Vampire

Davicito

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Taireyan Raidiny nació cerca de New Valley en la Republica de Arabia, Egipto. Su padre era un antropólogo muy famoso por los países orientales pero después de una corta infancia en aquel país, su familia se mudó a Nueva York ya que su padre fue invitado a participar en un proyecto muy ambicioso en Union College-Jewish Institute of Religion, sus padres le enseñaron muchas cosas sobre su verdadera cultura aunque al final el creció como cualquier chico americano. Cuando terminó el colegio aplico para estudiar Cultura antropologica de países de oriente, mientras estaba en el primer semestre conoció a un hombre doctorado en la Historia de Arabia, Abdel Rahmân.

El señor Abdel Rahmân tenía un hijo adolescente llamado Rabah, este era muy diferente a su padre, no le gustaba la historia en absoluto pero bueno, que se puede decir de un adolescente no?, a Rabah le gustaban las fiesta y el baile, queria estudiar gastronomia o cualquier otra cosa extravagante, en realidad no tenia nada en común con Taireyan, una noche después del trabajo de medio tiempo que Taireyan hacia en una libreria cerca de la universidad encontro un par de libros muy interesantes al final del pasillo de ‘historias antiguas y un tanto extraordinarias’ que tenia la libreria, un poco mas al estilo ciencia ficción pero con un nombre mas retocado, ambos libros tenian un sello muy peculiar que rapidamente atrajo la atención de Taireyan, comenzó a hojearlos quitando el exceso de polvo a su paso, más que ciencia ficción él los encontró muy interesantes, hablaban sobre diversas culturas en el medio Oriente, creyó que seria buena idea enseñarselos al Doctor  Abdel Rahmân, aunque no estaba seguro si seria buena idea ir de inmediato aunque por otro lado la ansiedad de su nuevo descubrimiento lo estaba consumiendo de una forma poco usual, dio una ultima hojeada al libro y sin darse cuenta se corto el dedo con una de las hojas peligrosamente afiladas debido a la delicada delgadez que tenian, se llevó el dedo a la boca con avidez y sintió el sabor a oxido de la sangre, hizo un gesto repulsivo y luego cerró el libro dejando la hoja salpicada con su roja sangre.

Cuando estuvo cerca de la casa del doctor, vio que las luces estaban aun encendida así que creyó que después de todo no había sido una mala idea pasar por ahi, se acercó al portal de la casa y llamó un par de veces pero no obtuvo respuesta, probablemente lo conveniente habría sido regresar a casa más Taireyan se habia caracterizado por ser un chico muy curioso desde su infancia, así que recorrió la casa en señal de vida en el interior, al llegar al patio trasero escucho un par de gemidos, sin duda alguien estaba vomitando cerca porque podia sentir el olor agridulce del liquido asqueroso, vio entonces a Rabah de rodilla sobre lo que era una especie de jardin con tulipanes blancos, ahora teñidos de un color amarillento, corrió entonces a sostenerlo de los hombros porque parecia que estaba a punto de colapsar sobre aquellas flores y todo lo que se le había escapado del estomago

-¿Te encuentras Bien… Rabah?- La pregunta era claramente un insulto, obviamente no estaba a mar de bien.
-¿Y tú quién eres…dude?- me preguntó con la cara un poco pálida y tratando de tener el control de su cuerpo para no caer
-Soy amigo de tu padre, vine enseñarle algo que acabo de encontrar- Su cara mostró un sigilo de interés cuando vio mi rostro
-Ah tu haz se der Teriyaki, ¿verdad?-
-Me llamo Taireyan- le corregí -No soy salsa de comida japonesa- Y solté una pequeña risita porque nadie me había llamado de esa forma y se me hizo algo gracioso y bastante original si se tratase de un insulto
-Bien, lo que sea- dijo el mientras trataba de levantase nuevamente, -¿Quieres darme una mano?- pregunto con la voz un poco fatigada, para ser un chico de esa edad me sorprendí un poco al verlo en ese estado, aunque bueno tampoco era tan chico y yo tan mayor

Entramos a su casa por la puerta de la cocina, él se dejó caer sobre el lavabo y abrió la llave para mojar su cabello, yo me quedé parado a un lado por si decidia que el sueño le sentaba mejor y tenia que sujetarlo para que no cayera

-No debí comer esas papas rancias- dijo de repente alejandome un poco de mis pensamientos
-¿Papas?- dije yo sin pensar, había creído que todo aquello se debía a beber en exceso como era común en él, según lo que había llegado a escuchar del pequeño Rabah
-Si, papas fritas… un compañero del colegio me retó a hacerlo y mira el resultado- Puff, bufo con un tono de alivio en el semblante cuando se paró y me miró de frente
-Ya estoy mejor-
Sin duda ya tenia mejor cara, más humana e infantil aunque estaba todo mojado y la playera de color bastante exóticos se le señia al pecho, me sentí un poco incomodo no supe porque
-Me alegro… bien será mejor que me vaya, parece que el Dr. Abdel no se encuentra, por favor dile que he venido a buscarlo- entonces giré para salir por la puerta que daba al jardín pero entonces él sujetó mi mano
-Estás sangrando del dedo- dijo él mientras señalaba con su dedo incide el mio, me quedé un poco desconsertado, la verdad era que no había notado que siguiera sangrando, senti una pinchadura en el dedo y me lo llevé nuevamente a la boca para chupar el exceso de mi sagre, extrañadamente senti un sabor dulce en el paladar.